04 marzo 2012

La gran reserva

Hermandad entre ellos
     En cigarros, como no, todo es cuestión de gustos; pero lo importante en definitiva es estar seguro del propio gusto, tomar conciencia de él, elegir ese formato adecuado que a uno le sienta bien, su marca, la que eventualmente le atraiga, en la que se tenga una plena confianza.
     Pero lo que nunca debe de olvidar un buen fumador es que cualesquiera que sean sus costumbres, sus tendencias, sus gustos, hay un cigarro adecuado para cada momento y situación, que ese cigarro existe, y que le proporcionará un placer sin igual adaptado a su cuerpo y armonizado con su espíritu; no hay servidor más fiel que el habano, ni compañero más atento y leal.
     Aprender a elegir el cigarro adecuado es sumergirse en uno mismo en busca de nuestro más cuidado secreto, encontrar el más parecido y satisfactorio ya supone obtener de él, incluso antes de encenderlo, una particular y única satisfacción.
     Un cigarro sabiamente elegido es como un arma contra ciertos tormento de la vida, donde un poco de humo azul los aleja de forma misteriosa, pues el habano sigue viviendo y madurando en su reposo, trabajandose de forma casi imperceptible, envejeciendo en silencio, con discreción, para alcanzar su punto de perfección y brindarse a nuestro paladar para mayor disfrute y deleite en su fumada.
     El buen habano, el de buena raza como los propios hombres, bien tratados son capaces de desafiar al tiempo, manteniendo incluso sus más inolvidables leyendas. ¿Quién no ha oído hablar de las hermosas cigarreras cubanas de mirada y cuerpo ardiente, enrollando las mejores capas de cada plantación a lo largo de sus bellos y largos muslos desnudos? Esas hermosas cigarreras no son criaturas de leyenda, existen, pero no realizan esa labor la cual recae en manos de los más expertos y cuidados torcedores cubanos.
     En cuanto a nuestra propia reserva, hablar de ello es divagar entre las multitudes de opiniones contrarias y dispersas; para empezar todo despenderá de la capacidad económica de cada cual, y partiendo de esta incuestionable situación, decir que la composición de nuestra reserva particular , tanto si es sencilla como majestuosa, es una cuestión de gusto, de elección personal; no debemos guardar más que las labores que más nos gustan. La reserva es en principio para uno mismo, luego si se dispone de medios ampliaremos esa reserva según diverso criterios, y podríamos discutir hasta el agotamiento sobre los méritos respectivos de las diferentes vitolas y marcas, su edad, su color, su origen, y diré más : es bueno hacerlo, pues ese dialogo también constituye un placer entre los buenos fumadores.
     Todos los gustos, en definitiva, están en la naturaleza y todos son igual de respetables y aceptables. Aunque si bien un dicho poco acertado dice que "todos los cigarros terminan en humo", pero no son los mismos cigarros ni dispensan el mismo placer ni por supuesto el mismo humo. Los habanos deben constituir la base de nuestra reserva.