03 marzo 2012

Amistad consagrada

Vitolario
     Ofrecer un puro a un amigo, regalarle una caja de estas labores a quien se le debe una gentileza, o culminar una buena comida con uno de estos nobles cigarros, es un gesto que nunca se ha de olvidar por parte de quien lo recibe.
     Disfrutar de ese humo noble, penetrante, casi táctil, es un deleite solo apreciable por unos pocos, si bien cada vez más, privilegiados fumadores de estas labores verdaderas esquisiteces para todos los sentidos incluido el propio oído.
     Si uno ama el tabaco, disfruta de sus placeres y sensaciones, ha de ir a Cuba, a esas tierras rojas de Vuelta Abajo, donde descubrirá el verdadero tabaco y ya no existirá nada más hermoso en la vida.
     Entre los buenos fumadores de habanos, la amistad no es una palabra sin sentido, pues acrecienta una especie de solidaridad y complicidad entre ellos, por encima de toda diferencia habida entre otras posibles relaciones humanas. El habano aproxima a las personas, las enriquece interiormente, y no puede haber ni odio ni rencor, tan solo amistad y acercamiento entre los verdaderos fumadores de habanos.
     El puro habano no es un cigarro como los demás. Incluso en el interior de la caja sigue viviendo, creciendo, envejeciendo, pero eso si, exigiéndonos unos cuidados pequeños pero especiales.